Biblioteca Popular José A. Guisasola





El premiado autor de literatura infantil Gustavo Roldán fue uno de los conferencistas del 6to. Congreso Provincial de Educación. La relación niños - libro - escuela fue uno de los temas a los que se refirió.

Leyendo dos cuentos (uno de Laura Devetach, que no pudo asistir por problemas de salud) y otro de su autoría. Así comenzó su participación en el 6to. Congreso Provincial de Educación el escritor de libros para niños, Gustavo Roldán, que con sus palabras cautivó a todos los participantes que lo siguieron con suma atención, sin moverse de sus sillas.

Criado en el monte chaqueño, en Fortín Lavalle, de pequeño gozaba del relato de cuentos que existían sólo alrededor del fogón del asado o en las ruedas de mate, contó. “Ya con cuatro años los peones eran mis ídolos; en las rueda del mate contaban cuentos del lobizón, el zorro, la luz mala… todos eran contadores de cuentos. Sabían cosas. Y tocaban la guitarra. Yo me crié en ese ambiente. Después se inventaron los libros. O tal vez antes, pero yo no lo sabía. Solamente sabía muchos cuentos, de ésos que después me enteré que se llamaban populares, que iban pasando de boca en boca y de oreja en oreja”.

Escribir en época de crisis, fue el tópico sobre el que se refirió Roldán en su conferencia. Y fue sencillo al respecto: nunca hubo un tiempo en que no hubiera una crisis, aunque se preguntó: ¿Qué significa escribir en un país donde 20 millones de personas están bajo la línea de pobreza? Significa preocuparse por un mundo mejor, por un mundo que podría ser de otra manera.


OBLIGAR A LEER, NO

Después, sembró muchas dudas sobre las consecuencias positivas que tendría en los niños obligarlos a leer. “Me preguntan qué tratamiento hay que darle a la literatura en la escuela, pues lo mejor es dejarles libros, muchos libros al alcance de la mano, para que agarren, toquen, curioseen. Que vean a su maestra con un libro de cuentos en la mano prestándoselo a otra maestra, entonces los chicos van a pensar: si le está prestando un libro, debe ser que tienen algo interesante y ellos solos, de a poco, van a querer leer y elegir qué leer”.

También, con una sonrisa, pidió a los docentes comprensión. “Los cuentos son cuentos. Cuando los chicos terminen de leerlos no les digan, bueno ahora subrayan con rojo los verbos y con azul los adjetivos calificativos”, les dijo y el auditorio estalló en risas y aplausos.

En ese camino, les recomendó obviar el capítulo de las reflexiones que dice que llega toda vez que concluye la lectura del libro. “No hay que hacer reflexionar de nada. Después vendrán las preguntas, las conversaciones entre ellos sobre lo que leyeron pero no llamar a la reflexión. El cuento penetra por vías impensadas, que no se pueden racionalizar”.

“Los cuentos son el área del recreo. ¿Alguien manda a jugar a la pelota? Nadie, bueno con los cuentos ocurre igual. Cuesta un poco, pero hay que dejar a los chicos solos para que encuentren lo interesante de la lectura. Le lectura cuesta trabajo, ellos tienen que ir encontrando el camino”, opinó.


LEER TODO, ESA ES LA CLAVE

En cuanto a la temática dijo que no por ser niños, los temas a tratar deben minimizarse sino que debe abordarse la misma problemática, los mismos dolores. “Lo fundamental es la claridad y la sencillez de las ideas, pero no dejar de lado los temas difíciles”.

“Creo que los chicos entienden todo y quieren saberlo todo. Desconfiar de su capacidad es desconfiar de la inteligencia, de la sensibilidad del otro. Y desconfiar de la capacidad de la palabra es, en última instancia, desconfiar de nosotros mismos. Podemos desconfiar de nosotros mismos pero, si jugamos en serio, las palabras siempre van a alcanzar. Sobre todo lo que hay detrás de las palabras”, dijo.

“Los chicos tienen que leer cualquier cosa que se les cruce en el camino, y decidir por su cuenta si les interesa o no, y cambiar o pedir más. Cada uno, solo, y a pesar de las ayudas, irá encontrando el camino de su crecimiento, porque esto también es un problema de soledad. Llevarlos siempre de la mano puede ser demorar etapas o saltearlas de manera arbitratia. Acompañarlos, sí, pero dejando abiertas las puertas para experiencias personales, dejándolas abiertas para ir a jugar”, opinó en otro tramo de su aplaudida presentación.

Roldán, que es autor de varios libros, entre ellos Dragón, Historias del piojo, La leyenda del bicho colorado, El viaje más largo del mundo y El vuelo del sapo, por citar algunos, dijo, cuando lo consultaron sobre lo que él leía que siempre regresa a los clásicos.

“Entre idas y vueltas siempre vuelvo a Huckleberry Finn, Sandokán, todo Jack London, Las 1001 noches, La isla del tesoro. Porque esos libros me ayudaron a crecer, a imaginar, a pelear contra perversos y contra el miedo, a defender la dignidad, a resistir, a volar. Porque me dijeron, antes de que aprendiera nada de política, que era posible cambiar el mundo.

Cualquiera que aprenda a volar puede resistir”.


Visto en Chubut. educ.ar - Publicado el 16/7/10
Congreso Provincial de Educación
http://www.chubut.edu.ar/chubut/?p=7972

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