Biblioteca Popular José A. Guisasola

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Cuento» LA CRECIENTE


El río crecido tronaba y rugía como diez mil leones juntos. A la orilla, el oso hormiguero y el quirquincho miraban los troncos y los árboles arrastrados que daban vueltas y vueltas.

El sapo llegó y miró el agua con indiferencia.

—Don sapo, el río lleva árboles enteros —dijo el quirquincho—. ¿Vio qué creciente más grande?

—¿Grande? No me haga reír m'hijo. Grandes eran las crecientes de antes.

—¿Sí, don sapo? ¿Llevaban árboles?

—No, m'hijo, árboles no. No se molestaban con cosas chicas. Llevaban el monte entero.

—¿Y adónde iba a parar ese monte?

—Nunca faltaba un lugar sin árboles, y ahí dejaban todo el monte. Y dejaban los árboles con pájaros y todo.

—¿Y usted vio esas crecientes? —preguntó el oso hormiguero.

—¿Si las vi? Con decirle que una noche me agarró una y me llevó tan lejos como usted no se imagina. Me hizo dar media vuelta al mundo.

—¿Media vuelta al mundo, don sapo? ¡Qué barbaridad! ¿Y cómo hizo para volver?

—¿Volver? Era imposible volver. ¿No le digo que estaba en la otra punta del mundo?

—Pero ahora está aquí otra vez.

—Sí m'hijo. Pero no volví. Usted sabe que el mundo es redondo, ¿no? Bueno, entonces me quedé ahí, y esperé y esperé.

—¿Qué esperaba, don sapo? —preguntó el quirquincho.

—Otra creciente, m'hijo. Un año entero esperé. Ya me estaba acostumbrando a vivir ahí cuando justo vi que se venía una.

—¿Qué hizo, don sapo?

—Me tiré de cabeza en medio de la creciente, y seguí para adelante, dando la otra vuelta al mundo. Cuando la creciente pasó por aquí, me bajé.

—¿Y el monte, don sapo?

—Me lo traje conmigo. ¿No ven que está aquí? Eso sí, dejé algunos árboles de recuerdo y me traje unas palmeras del África. ¿De dónde creen que salen esas palmeras?

El río seguía rugiendo como diez mil leones juntos. El sapo se fue saltando, mordiendo el palito de una flor de mburucuyá.

Al alejarse miró al río de reojo, diciendo:

—Ja, si sabrá de crecientes este sapo.




FIN


En: "El carnaval de los sapos". Ilustraciones de Raúl Fortín.
Buenos Aires, Editorial Sudamericana. Colección Pan Flauta.


Desde los 9 años.
Autor: Gustavo Roldán / Raúl Fortín (ilustr.)
Año de edición: 1a ed. 1995/ 9a ed. 2009
Cant. de páginas: 64

– ¡Ja, si sabrán los sapos de Carnavales!
Tanto saben y tanto les gustan, que tienen varios carnavales al año.
Y también saben de huellas, del origen del arco iris, de crecientes y puntos cardinales. Y lo que no sabe Don Sapo, con un poco de tiempo y astucia lo inventa.
Las historias de Don Sapo en medio del monte tienen el sabor de los cuentos populares y la herencia de las fábulas. Con la frescura de un lenguaje coloquial, Gustavo Roldán recrea un ambiente natural lleno de sabiduría y de humor.

CONTENIDO:
La creciente
Las huellas del tatú
El gran concurso
Animal de pelo fino
El carnaval de los sapos.


Visto y leído en:

Cuentos al sur del mundo 2 - Chaco / Corrientes / Formosa / Entre Ríos / Santa Fé / Misiones
Published on Jan 19, 2016 - Narrativa Cardinal Argentina
Plan Nacional de Lectura Ministerio de Educación
https://issuu.com/planlectura/docs/2-nea_20espan_cc_83ol



CONTENIDO:
La creciente - Gustavo Roldán
Kilómetro 11 - Mempo Giardinelli
Decir amigo - Norberto Lischinsky
Los mocasines de Van Gogh - Martín Alvarenga
Agua hervida - Darwy Berti
Desde el pozo - Orlando Van Bredam
Abuelo - Hugo del Rosso
Aarón y la cabra - Perla Suez
El tren gaucho - Juan José Manauta
El service - María Inés Krimer
El Gato - Patricia Suárez
Piedras como estrellas - Angélica Gorodischer
El casamiento - Olga Zamboni
La vaca - Rosita Escalada Salvo





Por aquellos tiempos el que pisaba fuerte en el monte era el tapir. Hacía retumbar el suelo con sus trotes, y los otros animales, o le decían a todo que sí o tenían que irse muy lejos.

Y sucedió que don tapir quiso casar a su hija, pero, eso sí, nada de bichos de medio pelo. Tenía que ser algo muy especial.

La tapircita estaba de acuerdo, ¡pero no había candidato que le viniera bien!

—¡Ay no! –decía–. Ese tiene el pelo muy áspero.

—¡Ay no! Este tiene el pelo muy largo...

—¡Ay no! Aquel tiene el pelo muy corto...

—¡Ay no, ay no, ay no!

Para terminar con la historia, y para que su hija pudiera elegir mejor, el tapir ordenó que desfilaran todos los animales peludos de mil leguas a la redonda.

—Lo que me gustaría –había dicho la tapircita– es un novio que tenga en la cabeza un penacho muy blanco, que tenga en el lomo dibujos cuadraditos de todos los colores, que tenga la cola más larga del mundo y que tenga y que tenga y que tenga...

Cuando llegó el día del concurso, los candidatos hicieron una larguísima fila y pasaron y pasaron. Uno tras otro fueron pasando haciéndose la propaganda.

—Yo soy el tigre, y si no tengo cuadraditos, tengo unas manchas que me hacen casi invisible en la selva. Y los colmillos más filosos.

—¡Ay, no! ¡Qué bicho más manchado! –dijo la tapircita.

—Yo soy el oso hormiguero, tengo una larga tira blanca en el lomo y las uñas más largas y más fuertes.

—¡Ay, no! ¡Qué bicho más uñudo!

—Yo soy el conejo, y tengo las orejas más largas y el pelo más suave, y sé saltar como ninguno.

—¡Ay, no! ¡Qué bicho más orejudo!

Y así seguían desfilando y desfilando, y sólo se escuchaba un “¡Ay no, ay no y ay no!”.

El sapo, que estaba mirando todo, puso cara de “yo no tengo nada que ver” y se fue para otro lado.

Y pasaron y pasaron. Los unos y los otros.

También quiso pasar don araña pollito, que sostenía que él era un animal peludo. Casi se arma una pelea, pero al final entendió que la cosa era entre mamíferos y que él tenía demasiadas patas.

El ambiente en el monte ya se estaba poniendo medio espeso cuando a la tapircita se le pusieron los ojos del tamaño de un girasol.

En medio de los murmullos asombrados del monte llegó el esperado príncipe azul.

—Yo soy el opas –dijo.

Todos miraron con sorpresa a ese animal desconocido.

Tenía cuadraditos en el lomo con los colores más hermosos, un penacho en la cabeza tan blanco y tan suave que parecían las plumas de una garza. Y la cola... una cola tan larga como siete colas de zorro.

—¡Ay sí! –dijo la tapircita.

No había nada más que decir. Don tapir decidió que esa misma noche se hiciera la fiesta.

Pero fue una mala noche para la hija del tapir, porque el opas la dejó compuesta y sin visita.

Y mientras el tapir zapateaba de rabia y lo hacía buscar por todo el monte, el río llevaba flotando hacia quién sabe dónde un manojo de plumas de garza, unos misteriosos pedacitos de pieles pintadas y siete colas de zorro atadas en ristra.

Mientras tanto, el sapo se reía bajito, debajo de un yuyo, y murmuraba:

—Ja, si sabrá de pelos finos este sapo.



FIN


Gustavo Roldán, “Animal de pelo fino”, en: El carnaval de los sapos,
Buenos Aires, Sudamericana, 2005.

Índice:

La creciente
Las huellas del tatú
El gran concurso
Animal de pelo fino
El carnaval de los sapos.



Fuentes consultadas:

NAP (Núcleos de Aprendizaje Prioritarios) Cuadernos para el aula: Lengua 5 (Formato PDF)
-1a ed.- Buenos Aires: Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, 2007
http://www.me.gov.ar/curriform/nap/lengua5_finalb.pdf

EDAIC Varela (Equipo Distrital de Alfabetización Inicial y Continua)
http://edaicvarela.blogspot.com.ar/2012/09/gustavo-roldan.html

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Selección y curaduría: Analía Alvado

Proyecto asociado a «Garabatos»

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